FRANCISCO DE VITORIA RELECCIONES SOBRE LOS INDIOS PDF

Samujas Views Read Edit View history. Loz guerra giusta nella riflessione di Miguel de Arcos. Kant himself displays a rhetoric of hospitality that does not grant a right to circulate but reaffirms sovereign power over boundaries. Remember me on this computer.

Author:Maular Kijinn
Country:United Arab Emirates
Language:English (Spanish)
Genre:Career
Published (Last):24 March 2013
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Nvs, E. TA, A. RRA, V. RPOL, A. Todava trabajo cuanto puedo; que pues ellos se llevan la hacienda, no me quede yo con alguna jactura desta otra hacienda de la conciencia; y aunque se echa poco de ver, creo que no importa menos que la otra.

Lo que yo suelo hacer es primum, fugere ab illis. Yo no doy mi tomo que sepa que tiene muchos beneficios, digo fuera del dicho y carta? Lo mismo procuro hacer con los peruleros, que aunque no muchos, pero algunos acuden por ac.

No exclamo, nec excito tragoedias contra los unos y contra los otros sino ya que no puedo disimular, ni digo ms sino que no lo en- tiendo, y que no veo bien la seguridad y justicia que hay en ello, que lo consulten con otros que lo entiendan mejor. Si lo condenis as speramente, escandalzanse; y los unos allegan al Papa y dicen que sois cismtico porque ponis duda en lo que el Papa hace; y los otros allegan al Empe- rador, que condenis a Su Majestat y que condenis la con- quista de las Indias, y hallan quien los oiga y favorezca.

Pero si amnina cagar a res- ponder categricamente, al cabo digo lo que siento. Destos del Per, timea que no sean de aquellos qui valunt divites fieri. I por algunos se dijo: lmpassibile est divitem intrare in regnum caelarum. Aqu, pues esta hacienda fue ajena, no se puede pretender otro ttulo a ella sino jure belli. Primu omnium, yo no entiendo la justicia de aquella guerra.

Nec disputo si el Emperador puede conquistar las Indias, que praesuponna que lo puede hacer estrictsimamen- te. Pero, a lo que yo he entendido de los mismos que estu- vieron en la prxima batalla con Tabalipa, nunca Tabalipa ni los suyos haban hecho ningn agravio a los cristianos, ni cosa por donde los debiesen hacer la guerra. Sed, responden los defensores de los peruleros que los soldados no eran obligados a examinar eso, sino a seguir y hacer lo que mandaban los capitanes.

Accipia responsum para los que no saban que no haba ninguna causa ms de guerra, ms de para roballos que eran todos o los ms. I creo que ms ruines han sido las otras conquistas despus ac. Pero no quiero parar aqu. Yo doy todas las batallas y conquistas por buenas y santas.

Pero hase de considerar que esta guerra ex confessione de los peruleros, es no con- tra extraos, sino contra verdaderos vasallos del Empera- dor, como si fuesen naturales de Sevilla, et praeterea igno- rantes revera justitiam belli; sino que verdaderamente piensan que los espaoles los tiranizan y les hacen guerra injustamente.

I aunque el Emperador tenga justos ttulos de conquistarlos, los indios no lo saben ni lo pueden saber; y as verissime sunt innocentes quantum attinet ad bellum. I as, supposita tata justitia belli ex parte hispaorum, non potest bellum ultra procedere ms de hasta sujetarlos, y compelerlos a que resciban por prncipe al Emperador, in quantum fieri poterit mnimo damno et detrimento illorum, y no para robarlos y echarlos a perder, quantum spectal ad bona temporalia.

Ni s por dnde puedan robar y des- pojar a los tristes de los vencidos de cuanto tienen y no tienen. En verdad, si los indios no son hombres, sino monas, non sunt capaces injuriae. Pero si son hombres y prjimos, et quod ipsi praese ferunt, vasallos del Emperador, non video quomodo excusar a estos conquistadores de ltima impie- dad y tirana, ni s que tan grand servicio hagan a Su Ma- jestat de echarle a perder sus vasallos.

Si yo desease mucho el arzobispado de Toledo, que est vaco, y me lo hoviesen de dar porque yo firmase o afirmase la inocencia destos peruleros, sin duda no lo osara hacer.

Antes se me seque la lengua y la mano, que yo diga ni escriba cosa tan inhu- mana y fuera de toda cristiandad. All se lo hayan, y djennos en paz. I no faltar, etiam intra Ordinem Praedi- catorum, quien los d por libres, immo laudet et jacta et caedes et spolia illorum. Restat del remedio de la composicin. An mihi non licet nescire quod nescio? No lo entiendo. No me osara atener en este caso a la compo. Sed quid si envan a Roma? Si presidiese all San Gre- gorio, conformarme ha con su determinacin: ahora, al- gund escrpulo me quedara, mxime que no me parece restitucin incierta.

Que si todos los que robaron quisiesen restituir, bien se sabe a quin. Como si robasen a Salaman- ca, aunque no se sepa que perdi Pedro ni Juan ni Martn, no lo ternamos por restitucin incierta. Pero esto no obs- tante, si ste ex auctoritate Papae immo epscopi, diese la mitad a los pobres, permitira que se quedase con lo dems. Pero porque d ducados non intelligo como ex- cusarle. Denique, si mihi credis, encomindole V. Et vale semper in Domino, Salmanticae 8. Tui studiosissimus.

Con todas sus cartas me hace V. Yo, bendito nuestro Seor, ni llego a pescado y poco ms a aceitunas; pero para dar a amigos las precio mucho ms que para comer. A las dudas, primum crea V.

El remedio general es que que le cabe parte de aquello, no curen de andar en demandas ni respuestas, sino que cierren los ojos y pasen como los otros. Pero in particulari de los esclavos que los portugueses traen de su India, sin duda si se tuviese por cierto que los portugueses se alzan con ellos por aquella forma y ruindad, yo no s por dnde los pueda nadie tener por esclavos.

Yo no creo que aqul sea trato, a lo menos comn de los por- tugueses, aunque alguna vez haya acaescido; ni es verismile que el rey de Portugal permitiese tan gran inhumanidad, ni que faltase alguno que le advirtiese dello.

Yo, si ms no se supiese, por cierto, no veo por dnde los seores que ac los compraron hayan de tener escrpulo. A la otra duda, de los que en sus tierras fueron hechos esclavos en la guerra, tampoco veo por dnde les facer grand escrpulo, porque los portugueses no son obligados a averiguar las justicias de las guerras entre los brbaros.

Basta que ste es esclavo, sea de hecho o de derecho, y yo le compro llanamente. Ms duda me paresce que hay de los otros que llevan a matar y los cristianos los rescatan, supuesto que los quieren matar injustamente. Pero aun dstos, tampoco veo la in- justicia, que no hay duda, sino que aun en tomalle por es- clavo, benegro negotium illud.

Si fuese por ac, adonde no se pueden hacer esclavo sic el que una vez es Libre, sera otra cosa. Pero siendo en tierra donde se puede uno facer esclavo por muchas maneras y voluntariamente ven- derse, por qu no se podr voluntariamente dar por esclavo del que le quisiere rescatar, espeialmente que si en la misma tierra otro natural le rescatase, queda verdadera- mente por esclavo?

Pues un cristiano le podra comprar de aquel que le rescat, por qu no de s mismo? Paresceme que se puede tener por esclavo por toda la vida. Mayor escrpulo y ms que escrpulo es que ordinaria- mente los traen inhumanamente, no se acordando los se- ores que aqullos son sus prjimos, y de lo que dice sant Pablo, que el seor y el siervo tienen otro Seor a quien el uno y el otro han de dar cuenta.

Que si los tratasen humanamente, sera mejor suerte La de los esclavos nter cristianos, que no ser libres en sus tierras; dems que es la mayor bienaventuranza venir a ser cristianos. Verdad es que si alguna cosa de inconveniente o injusti- cia se afirmase por muchos por cosa cierta, no me osara atener universalmente a esta excusa: que el rey lo sabe y los de su Consejo. Los reyes piensan a las veces del pie a la mano, y ms los del Consejo.

Pero cosa tan exorbi- tante como se deca in primo artculo, non est verosimilis, a lo menos que sea cosa comnmente usada. Et vale semper in Domino. De Salamanca a 18 de marzo. Tui studiosissimus, 1 A continuacin de esta carta holgrafa, publicada por primera vez por el benemrito investigador padre Beltrn de Heredia, se lee la siguiente nota, aadida por el padre Arcos: Para entender las res- puestas de los cativerios de los negros, conviene saber las dudas, que son stas: Primera: Llevan a Guinea juguetes y entrndolos a ver los negros, lzanse con ellos.

A esto responde el maestro en la primera clusula de esta carta. Segunda: De los que fueron hechos esclavos en guerra. A esto responde en la segunda clusula. Tercera: Hay costumbre entre los negros, que cuando llevan a justiciar alguno dellos, si hay quien lo compre, conmtanle la pena en cativerio.

Ddase si el cativerio ha de ser perpetuo o temporal. A esto responde en la tercera clusula. Cuarta: Si nos podemos asegurar con creer que el rey de Portu- gal y los de su Consejo no permitirn contractaciones injustas. Y dado que sea lcito, y que los prn- cipes no puedan declarar la guerra por s mismos, s lo podrn hacer por autoridad del Sumo Pontfice.

Agustn Anconitano, el Archidicono y Silvestre dicen que no debe forzarse a las naciones que quebrantan el derecho divino sobrenatural y revelado, para que desistan de tal violacin; lo mismo que tampoco puede hacerse con los que pecan contra la ley cristiana o los que antes peca- ban contra la ley mosaica. La razn estriba en que no pueden ser claramente con- vencidos de que obran mal, y, por lo tanto, no pueden ser condenados jurdicamente; y como nadie, sin ser antes con- denado, puede ser castigado, as tampoco se puede cons- treir por medio de la guerra o de la persecucin a los pueblos que incurren en tales pecados.

Respondo que si ello es necesario para la victoria, es lcito, como lo es el matar fuera de la guerra a los hombres que perturban la repblica. Mas se duda si en un caso como el de los espaoles, cuando han vencido al enemigo y no temen de l ningn peligro, porque le ven en fuga, si en ese caso es lcito per- seguirlo y ultimarlo, a pesar de que, como he supuesto, la muerte de los adversarios no sea necesaria para la victoria.

La respuesta es que se les puede matar, porque el rey no slo puede recobrar las cosas, sino que tiene potestad para castigar a los enemigos, aun despus que han entrado en la ciudad, del mismo modo que podra matar a los ciuda- danos incendiarios y no contentarse con la confiscacin de sus bienes. Y esto se prueba considerando que si no pudiese matarlos, no se podran evitar las guerras, pues, una vez terminadas, se reiniciaran en seguida.

Pero agrego que no es lcito proceder a la matanza ge- neral de enemigos, sino que ha de tenerse modo en el casti- go. Por lo tanto, yo afirmo que, una vez obtenida la victoria en la guerra en que ellos lcitamente peleaban, no es lcito matarlos si ya no amenazase peligro de su parte.

Supo- niendo que el rey de Espaa pusiese sitio a Bayona y sus ciudadanos se defendieran lcitamente, ya que si no lo hi- cieran seran traidores, el rey de Espaa, en el caso de ocuparla, no podra matarlos, si no temiese un peligro in- minente de parte de ellos.

La razn es porque son inocen- te8; a no ser que amenazase un nuevo peligro por parte de ellos, por estar en una guerra actual en la que es permi- tido rechazar la fuerza con la fuerza y en la cual los mis- mos inocentes tienen que perecer. Duda octava. Yo discut sobre esto con al- guien del Consejo Real, que aconsejaba el exterminio para que las guerras llegasen a feliz trmino. En primer trmino digo que todos los que llevan armas son considerados no- civos, ya que se presume que defienden al rey nuestro ene- migo, y es lcito matarlos si no constase lo contrario, esto es, que no hacen dao.

En segundo lugar, digo que cuando es necesario para el fin de la victoria matar a los inocentes, es lcito hacerlo, como el bombardear una ciudad para tomarla, aunque ello cause la muerte de inocentes, ya que estas muertes se si- guen sin intento o per accidens. De esto no puede dudarse, lo mismo que si se expugnara un castillo. Agrego que, una vez ocupada la ciudad y hallndose fuera de peligro el vencedor, ya no le sera lcito al rey triunfante matar a los inocentes, como son los nios, los religiosos y los clrigos que no prestan auxilio al enemigo.

La razn es clara; porque siendo ellos inocente8 y no siendo menester su muerte para el fin de la victoria, sera hertico sostener que se les pueda matar. Y as, en la in- tencin han de diferenciarse los inocentes de los que no lo son y respetar aqullos. Duda novena. A algunos les parece que s; porque de otra manera no podra lograrse la conquista de las ciudades, pues los soldados, con esta esperanza, luchan con ms denuedo y a la vez se hace mayor el temor de los enemi- gos; por lo que parece esto necesario para la consecucin de la victoria.

Respondo que, si esto no es necesario para la obtencin de la victoria, pecan gravemente los que lo permiten. Si fuese necesario, podran los jefes permitirlo; mas no podran hacerlo los soldados por su autoridad, como si se tratase de moros, contra los cuales se puede autorizar el pillaje; no porque sean moros, sino porque tienen lo nuestro y porque se supone que la guerra es jUBta.

En tercer lugar, digo que los jefes deben recomendar a los soldados que no maten a los inocentes, y dado que sepan que los soldados estn dispuestos a hacer por esa prohibicin muchas cosas malas, por razn de las cuales pudiera permitirse esto.

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Relecciones Sobre Los Indios Y El Derecho De Guerra

Nvs, E. TA, A. RRA, V. RPOL, A. Todava trabajo cuanto puedo; que pues ellos se llevan la hacienda, no me quede yo con alguna jactura desta otra hacienda de la conciencia; y aunque se echa poco de ver, creo que no importa menos que la otra. Lo que yo suelo hacer es primum, fugere ab illis. Yo no doy mi tomo que sepa que tiene muchos beneficios, digo fuera del dicho y carta?

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Internet Explorer x Francisco de Vitoria y los derechos de los espaсoles Nace en Burgos en Recibe desde niсo una buena formaciуn humanнstica. Ingresa en el noviciado de los dominicos Convento de San Pablo de Burgos en A finales del verano de sale hacia Parнs para estudiar teologнa, residiendo en el convento de Santiago, que vivнa el fervor del reciente triunfo de la reforma dominica dentro de sus claustros fuerte vida religiosa y una cierta apertura a los nuevos signos de la historia.

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