EL POBRE DE NAZARET IGNACIO LARRAAGA PDF

Basta asomarse a la puerta de cualquier vecino y no encontraremos casa donde el sufrimiento no haya instalado su sede real. No, es una corriente caudalosa que arrastra dramas, llanto y frustraciones, y no hay manera de acallar el clamor. Sufre el pobre porque es pobre, sufre el rico por ser rico, sufre el joven porque es joven y sufre el anciano por ser anciano. Y, a su vez la mente es como un mar profundo lleno de precipicios, como una marea alta bajo la luna llena. Todo lo que nosotros resistimos mentalmente, lo transformamos en enemigo.

Author:Duzshura Bazshura
Country:Iran
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):13 January 2013
Pages:223
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Santiago de Chile Fotocomposicin: Marasn, S. San Enrique, 4. La primavera haba estallado silenciosamente, y el valle de Esdreln era una alfombra verde y perfumada. Entre cnticos y alleluias, los peregrinos haban avanzado durante dos das por una ruta bordeada por una explosin de arbustos, retama, enebro, mirto, jara, todo reventado en flor, y teniendo siempre a la vista, a lo largo del trayecto, el macizo del Tabor.

Familiares, vecinos y amigos de Nazaret, formando una compacta caravana, se haban congregado en un punto determinado de la aldea para partir todos juntos en peregrinacin hacia la Ciudad Santa. Y, despus de rezar dos salmos, haban partido, en efecto, alegremente, como quien va a una fiesta, unos montados en sus jumentos, otros a pie, y todos vestidos con sus tpicos trajes de peregrinos y calzando sandalias atadas con tiras de cuero, y con suficientes provisiones para el viaje. La peregrinacin duraba aproximadamente cuatro jornadas; y, jalonando el camino con bendiciones y cnticos, los peregrinos haban penetrado profundamente en la quebrada geografa de Samara.

El viaje ya no era una aventura peligrosa, como en otros tiempos. Unos aos antes, Arquelao haba sido de7 puesto y, por primera vez, Roma haba designado a un Procurador.

Los caminos estaban bien protegidos y defendidos contra los eventuales asaltos, cosa muy frecuente en aquella regin. Probablemente, era la primera vez que Jess suba en peregrinacin a Jerusaln. Estaba por cumplir los trece aos, edad en que la Ley consideraba al israelita como mayor de edad.

Desde este momento, el adolescente era considerado como Bar Mitzh, condicin social que le permita al joven leer el Torh en pblico, pedir aclaraciones y expresar sus opiniones.

Por lo que luego sucedi en el templo, podemos conjeturar que el Adolescente tena, para esta poca, altas experiencias espirituales, desproporcionadas para su edad, y de una profundidad probablemente desconocida hasta para sus propios padres, si tenemos en cuenta la manera como stos reaccionaran despus, en el templo. Un da, sus padres, despus de haber deliberado entre s, se decidieron a invitar al Hijo a participar por primera vez en la peregrinacin. No sabemos qu sucedi en su interior.

Aves bulliciosas debieron alzar el vuelo en su alma juvenil. Sensible como era, sus cuerdas debieron entrar en una desusada vibracin y, seguramente, vivi los das precedentes a la peregrinacin en un alto voltaje emocional.

Y aunque es verdad que el Padre habita en el corazn del hombre y es ah donde se debe adorar, para la tradicin israelita el nico reside en su templo, igual que antiguamente en el Arca; y, por eso, es necesario subir al templo de Jerusaln para adorarlo.

Efectivamente, en el ao antes de Cristo, el rey Omri, en una accin cismtica, se desprendi del reino de Jud y fund un nuevo reino, el de Israel. Omri compr una abrupta elevacin, que constitua una excelente defensa natural, a su propietario She8 mer; y all fund y levant la capital del nuevo reino, que tomara su nombre de su antiguo propietario, llamndose Samara.

Durante casi ochocientos aos esta capital sufri las ms violentas alternativas, hasta que, finalmente, el rey Herodes la fortific y la dot de suntuosos templos y palacios, denominndola Sebastos, trmino griego que significa augusto, en honor de Octavio Csar.

Recuerdos tristes para cualquier israelita. Los peregrinos continuaron recorriendo el territorio samaritano, atravesando el estrecho paso que se abre entre los montes Ebal y Garizin. Se detuvieron, sin duda, en Siquem, para calmar su sed y recuperar fuerzas.

Y, luego de varias horas de camino, surgi de pronto ante los asombrados ojos de los peregrinos, como un sueo de luz sobre el horizonte, la esplndida vista de Jerusaln, abrazada por sus murallas; y, sobresaliendo como una brillante visin sobre una colina, el templo herodiano en todo su esplendor, visible desde muchas leguas a la redonda.

Un anhelo incontenible, encerrado y cautivo en sus galeras interiores, salt a las gargantas de los peregrinos y estall al unsono: Oh Jerusaln! Y, enseguida, de todas las bocas brot tambin unnimemente el salmo "Qu alegra cuando me dijeron! Qu otra cosa poda hacer?

Un torrente no se puede canalizar por un surco, ni encerrar un vendaval en una gruta, ni la pasin del mundo meterla por el agujero de una flauta.

Slo el silencio puede contener lo infinito. El Adolescente mir y guard silencio, y en su silencio se agitaron las vastas corrientes de los mares, la vibracin de las arpas y el eco de los siglos, todo envuelto en la infinita ternura del Padre.

Oh Padre! Despus de este desahogo emocional, los peregrinos reemprendieron la marcha. Descendieron por los bordes del monte hasta el arroyo Cedrn, que flanquea el Monte de los Olivos, y, subiendo por el collado Moriah, entraron en Jerusaln por una de las puertas de Oriente, llegando a la piscina de Betesda, donde se lavaron, refrescaron y saciaron su sed.

Comenzaba a asomarse al balcn de la vida, y, como todo adolescente, debi caminar de impacto en impacto al contemplar las ceremonias rituales y ver los corderos degollados, viendo desfilar a los oficiantes y observando cmo los levitas rociaban el altar con la sangre de los sacrificios y asaban luego la carne sacrificada. Seguramente era la primera vez que el Adolescente presenciaba un ritual sacrificial tan solemne; y pudo haber tenido, frente a l, dos reacciones distintas y hasta contrarias. En primer lugar, pudo haberlo vivido movindose al interior de la ceremonia con una hondura y novedad nunca experimentadas por ningn otro.

Si fue as, jams la materia y el espritu habran llegado a una tan alta fusin como en estos das. En segundo lugar, el Adolescente pudo haber sentido horror y repugnancia por aquellos ritos, en los que haba tanta destruccin de seres vivientes y tanto intil derramamiento de sangre. Si leemos atentamente los Evangelios, comprobaremos que Jess es un hombre de una excepcional sensibilidad. Por los detalles descriptivos de las parbolas podemos deducir que quien se expresa con tanta vivacidad ha debido tratar con mucha simpata y ternura a los corderos, los gorriones, los trigales y a toda criatura viviente.

Si se fue el talante de la personalidad de Jess, no habra sido ms bien negativa su primera impresin de los sacrificios rituales, a sus doce aos? No nos consta, por ejemplo, que Jess hubiera asistido a un culto sacrificial en los das de evangelizacin.

Pocas veces acude al templo, y cuando lo hace no es para ofrecer sacrificios, sino para el ministerio de la palabra. Para orar no se dirigir al templo ni a la sinagoga, sino a los cerros solitarios. Tampoco nos consta que hubiera llevado alguna vez a sus discpulos para participar en la liturgia del templo, ni que se lo recomiende.

Por estas y otras circunstancias similares, bien podramos concluir que las primeras impresiones de Jess en el templo podran no haber sido muy positivas. Jess estaba comenzando a atravesar la etapa de la adolescencia, quiz con una madurez prematura, lo que cabra deducir por su actitud de autonoma, al quedarse en el templo sin pedir autorizacin a sus padres. Ya sabemos qu cosa es la adolescencia: lago agitado, vientos que golpean, impresiones que desconciertan; en fin, la travesa de un remolino.

Un da Jess escalar las altas cumbres donde duermen las tempestades; pero hoy siente en sus horizontes vacilaciones e incertidumbres: a dnde debe dirigir sus pasos? Teniendo presente la escena que vamos a analizar el hecho de quedarse en el templo , bien podramos concluir que en estos das debieron ocurrir en las profundidades del Adolescente grandes novedades, fuertes experiencias espirituales; misteriosas fuerzas debieron agitarse, no exentas de perplejidades y sobresaltos.

Adems de verdadero Dios, Jess era tambin verdadero hombre; y todo adolescente es eso: inseguridad, bsqueda, inestabilidad. Qu experiencias espirituales podra haber vivido el Adolescente en esos das, que le impulsaron a tomar la decisin de quedarse en el templo? Asommonos cautelosamente, con temor y temblor, al Misterio Infinito, llevando en las manos, como nica luz, una tea hecha de conjeturas y deducciones. El Adolescente debi sentir todo peso de la gloria divina en un contraste: en Nazaret era todo tan vulgar, y aqu, en Jerusaln, todo tan esplndido: tanto esplendor y tanta maravilla para realzar al Maravilloso.

El Adolescente debi sentirse tan abrumado por el peso de tanta gloria, vencido por la enorme realidad de Dios, que, seducido y cautivado, decidi quedarse en el templo. Con qu finalidad? Para dedicarse al ser11 vicio divino? No lo saba exactamente. En todo caso, no se perdi, se qued. No haba normas establecidas, ni siquiera costumbres.

Se supone que habran permanecido cuatro o cinco das en torno a la fecha sagrada del 14 de Nissan. Saciado su espritu de novedades, rebosante su alma de fervor, y muy satisfechos todos, los nazaretanos emprendieron el viaje de regreso a su aldea. En las tradiciones caravaneras del Oriente no haba normas rgidas de disciplina.

Al contrario, lo normal era que, a lo largo del trayecto, el grupo general se dividiera y subdividiera con gran espontaneidad, habitualmente hombres con hombres, jvenes con jvenes, mujeres con mujeres, a relativa distancia unos subgrupos de otros.

Slo por la noche, al llegar al albergue donde se proponan pernoctar, se congregaba toda la comitiva. A los doce aos, un muchachito a punto de entrar en la mayora de edad comparta, sin duda con mucha espontaneidad y vitalidad, esta elasticidad de las costumbres de las caravanas. En este contexto, Mara y Jos no tenan por qu preocuparse, y as, no se percataron durante toda la jornada de la ausencia de su hijo. Pero al final del da, al reunirse todos los subgrupos, lo buscaron sin encontrarlo.

Recorrieron, no sin ansiedad, todos los grupos familiares, preguntaron una y otra vez a parientes y conocidos, pero todo fue en vano: nadie haba visto al nio. No se quedaron, sin embargo, con los brazos cruzados. Al da siguiente, se incorporaron a la primera caravana que pas por el lugar y regresaron a Jerusaln; e inmediatamente, "angustiados", se lanzaron al torbellino de las calles de la ciudad. Por esos das, Jerusaln era un mar agitado y crecido repentinamente por la confusin de idiomas, de gentes venidas de los rincones ms remotos del Imperio.

Segn los historiadores, Jerusaln tendra en esa poca aproximadamente Llegaron al templo: caravanas de peregrinos que entran y salen; una barahnda enloquecida de sacrificios, ofrendas y ceremonias rituales; un movimiento hirviente y estridente de animales para el sacrificio: toros, corderos, aves; y tenderos, buhoneros, vendedores ambulantes Los esposos miran, preguntan, recorren las distintas dependencias del templo.

Saltan de nuevo a las calles, recorren plazas y mercados, se asoman a todos los recovecos una y otra vez, dentro y fuera de las murallas, sin apenas dormir, sin tiempo para alimentarse, devorados por la incertidumbre y la ansiedad.

Al tercer dia, nuevamente en el templo. Despus de volver a recorrer todos sus recintos y asomarse a todos los patios, de pronto divisaron a lo lejos, al amparo de un prtico, a un grupo de ancianos, de tnicas blancas y largas barbas, arremolinados en torno a un jovencito. Se aproximaron al grupo, y Se quedaron contemplndolo, a cierta distancia, sin abordarlo. No podan dar crdito a lo que estaban viendo sus ojos. Su pequeo preguntando, respondiendo y discutiendo con los doctores?

Contrastadas emociones se agolpaban al espritu de Mara y Jos: la ansiedad de la bsqueda a lo largo de tres das se trocaba ahora en la alegra del encuentro; la alegra, a su vez, en estupor ante esta escena. Y todos estos sentimientos juntos se fundan, finalmente, en un inmenso signo de interrogacin sobre la personalidad de su pequeo, que los estaba trayendo de sorpresa en sorpresa.

La Madre no pudo ms. Lo llam por su nombre. Se abrazaron sin decir una palabra. Lo tom de la mano y, sacndolo del recinto sagrado, y ya segura de haberlo recuperado, abri su corazn y dio rienda suelta a la tensin retenida durante tres interminables das: "Hijo, por qu nos has hecho esto?

Mira, tu padre y yo, angustiados, andamos buscndote" Le 2, Hubo un breve momento de silencio. El Hijo levant los ojos y, mirndole al rostro a su Madre, dijo: Madre ma, por qu me buscaban? Mi Padre es mi madre. Un 13 meteoro puede salirse de su rbita y perderse en los espacios siderales, pero yo vivo acurrucado en el hueco de su Mano, y no puedo perderme. Falla un eslabn y falla toda la cadena de las generaciones, pero una corriente inmortal nos une al Padre y a m, y as, somos una cadena sin eslabones.

Nunca me pierdo, Madre: en la arena del desierto, en el seno del mar, en los cerros soleados, siempre estoy solo, pero nunca solitario; perdido, s, pero a la vez encontrado. Una potente borrasca ha pasado por m, Madre, y me ha arrancado del surco, y no puedo hacer lo que quiero. Desdichada la Madre a quien le ha tocado en suerte tan extrao Hijo.

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